El Arte del Mantenimiento: Agua y Luz
Una vez que la semilla está en su lugar, comienza la cuenta regresiva. Los dos factores que determinarán si tu semilla se convierte en una planta fuerte o muere en el intento son el riego y la iluminación. El equilibrio es delicado: demasiada agua ahoga, poca seca; poca luz estira la planta, demasiada sol directo puede quemar un brote tierno.
El Riego: Humedad vs. Encharcamiento
El error #1 del principiante es regar demasiado. Las raíces necesitan oxígeno tanto como agua. Si el sustrato está empapado, los espacios de aire se llenan de agua y la raíz se asfixia y pudre.
No Encharcar
Usar Pulverizador
Tocar la Tierra
La Luz: Evitando el Hilado (Etiolación)
En cuanto el brote rompe la superficie de la tierra, necesita luz inmediatamente. Si no recibe suficiente luz, la planta cree que sigue bajo tierra y estira su tallo desesperadamente buscándola. Esto se llama etiolación o «hilado».
Síntomas de Falta de Luz
Tallos muy largos, finos y pálidos (blancos o amarillentos). La planta se ve débil y se cae hacia un lado. Una vez que una plántula se ha «hilado» mucho, es difícil salvarla.
Ubicación Correcta
* Interior: Junto a la ventana más luminosa, pero cuidado con el «efecto lupa» del sol directo de mediodía en verano que puede quemar.
* Exterior: Sombra iluminada o sol de la mañana. Evita el sol abrasador de las 12:00 a las 16:00 para plántulas recién nacidas.
Truco: Si cultivas en interior, gira tus semilleros 180 grados cada día. Las plantas se inclinan hacia la luz (fototropismo); girarlas asegura que crezcan rectas y fuertes.